EL REFUGIO DE TU HOGAR
Existe un dicho muy popular el cual es "nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido" y en el caso de los viajeros que se adentran a irse muy lejos de su hogar, de su familia, de lo tuyos aplica bastante, ya que no sabe la dimensión de lo que significa esta frase hasta que la experimentan en carne propia en aquel lugar lejano, a mucha distancia de sus seres queridos. Y es que damos por entendido que después de un mal día de trabajo, de esos que nada te sale bien, lleno de problemas y vicisitudes, llegarás a ese refugio que llamamos hogar a desahogarte, llorar, abrazar a mamá o simplemente a despejar tu mente en medio de tus cosas y ahí curarás por varios instantes tu alma, recobrarás fuerza pensando serenamente hasta tranquilizarte permitiendo que veas la situación recién ocurrida a partir de otra perspectiva paras así sobrellevar el problema e incluso encontrar una solución. Todo lo antes mencionado es lo que te ofrece un refugio, es lo que obtienes en tu espacio que te brinda nuevos bríos para poder continuar en tu camino afrontando los baches que se vayan presentando en él, pero cuando te encuentras a solas, en una ciudad desconocida, con desconocidos, incluso en aquel lugar donde duermes es desconocido eso no ocurre, no existe la calidez, la protección, la solemnidad, el descanso y todo el tiempo aun cuando duermes estás en constante sentido de alerta y los conflictos a los que te enfrentas en el presente se hacen más extensos, cobran una longevidad que tal parece no tener fin.
Es ahí donde te toca llorar a solas, enfurecer a solas, asustarte a solas, explotar a solas, sosegarse a solas. No hay espacio ni por muy ostentoso o austero que sea que pueda ayudar a mitigar ese estado de ánimo que te consume por dentro, no encuentras consuelo en esos rostros que te rodean que más parecen unas máscaras sin expresión que no te alivian al observarlos, aunque vociferes mil palabras no encuentras cura para el alma, no escuchas replicas que puedas tomar de ancla para no naufragar y seguir en el viaje, mueres de frío, pero de un frío que quema por dentro, ya que por más que abrigues en aquel espacio que se supone es descanso, carece de calor, de calor verdadero, ese que se convierte en una fuente de energía para tu espíritu y cuerpo brindándote el ímpetu para levantarte al día siguiente, no hay nada de eso y aun así tienes que ponerte de pie para la lucha, aquella que como todo un cobarde quisieras abandonar, bajarte del ring aunque los abucheos te apabullen, aunque los gritos encarnecidos te griten perdedor, aunque en lágrimas en los ojos corras mientras las miradas incisivas estén clavadas sobre de ti como navajas que te apuñalen vislumbrando lo débil que eres, pero aun así no importa quieres abandonar ese viaje para regresar a tu refugio, ese el cual creíste que con llenar tu maleta vacía con objetos superfluos y ropa te bastaba para lanzarte a la aventura de un viaje donde te esperaba el éxito y no es exactamente lo que estás consiguiendo, quieres correr hacia tu refugio, igual como los felinos corren a sus cuevas o las aves a sus nidos, querer regresar a tu hogar, ese mismo que dabas por sentado tenerlo y le restaste tata importancia y que hoy nada más tiene relevancia más que ese amparo.
Pero como ese felino que debe de aprender a fuerte en la selva en algún momento
Pero como esa ave que debe confrontar los vientos los altos cielos en algún momento
Uno también debe tener el carácter para a afrontar los retos si quiere obtener la agilidad de un felino para esquivar los obstáculos de este mundo que tiene rasgos similares a una selva, donde solo si eres fuerte puedes continuar corriendo y evolucionando, uno también debe de tener la agudeza para extender sus habilidades tal y como las aves lo hacen al volar para también ascender hacia la meta que quieres lograr, y aunque fuera de ese hogar, lejos de los tuyos, ahora debes de encontrar en tu interior esa solemnidad, esa calidez, esa tranquilidad, esas que son un aliciente para continuar, transformar tu espacio para convertirlo un poco en ese sitio donde puedas descansar de las contrariedades que suceden al día con día, y tratar de encontrar en aquellas máscaras de rostros desconocidos alguna mirada que por solo algunos instantes te brinden la afectuosidad de un amigo y aun así que no encuentres lo antes mencionado ser tú tu refugio, ser tu propio hogar.
Fácil no es, difícil será hasta el momento que decidas ya no sufrir por lo que queda atrás y tomar las riendas de tu vida en tu camino actual, y pensar que todo lo que te brindó aquel hogar que quedó en el ayer, aquel de donde viene tu maleta vacía, será la fortaleza que te ayude en el trayecto que por ahora debes de recorrer para cuando sea el momento de volver lo hagas siendo alguien más hábil y fuerte y solo así habrá válido la pena la incursión a este viaje o puede que tal vez en un futuro encuentres un nuevo hogar por lo tanto en ti ya hay esa voluntad inquebrantable y aquella maleta vacía con la que llegaste ya comienza a ocuparse de nuevos aprendizajes...
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